Me viene la tía Felipa, la prima de mi abuela, que tocaba en las bodas -yo digo que era la tocadora “oficial”- (se ríe), después Felipa Rubio, Agripina, la del hojalatero, Emilia Otero, Regina Collar (más conocida por “Regina la de guerra” que era el apellido de su marido), Emiliana Mayo, Concha Taladrid y Elvira Feito de Lumajo, Eulogia y Plácida de Sosas....y habría más pero no caigo yo ahora...de las que yo conocí, que ya no viven, claro, porque algunas eran mayores que mi abuela.
Era de todo, de todo.
Pues muchas, quizás ciento y pico, sí. Entre todas -baile del País, Jotas, careados, la Juliana...-
Sí, sí, con vídeo. Y yo que no quería. Yo le decía a Lucio: “me aburre todo ese aparataje que llevas, que no me centro”...pero si no hubiera sido por Lucio no habría nada grabado, nada, ni el disco de A Xeíto. Que yo bien le decía: “madre, otra vez para León a grabar, porque fuimos a grabar a Cascabel, con Raúl Ferreras ¡qué majo! Después se hizo una segunda edición del trabajo de A Xeíto, ya en CD.
Sí, ya desde la primera edición en vinilo ya era un disco-libro. Y años después salió el CD, y ahí se añadió una pieza nueva.
En 1986 creo, y fue idea de Lucio, que dijo que todas estas personas eran ya muy mayores, y ya cuando teníamos mucho material recogido, había que aprovechar y sacar un trabajo con todo ello. Yo realmente sólo quería que los nenos aprendieran a bailar, lo otro me parecía más aburrido. Pues teníamos que ir a León varias veces, y Melchor Rodríguez, que tocaba el birimbao, venía desde Madrid, no te creas...y había que llevar a Carlos, que canta las vaqueiradas.
Es una sartén, que nos la regalaron unos vaqueiros de Tineo. Es toda de una pieza, con un mango largo, y al no llevar costura suena tan bien. No es que se toque por aquí, pero como Lumajo, aquí en Laciana, era un asentamiento vaqueiro, pues allí tocaban la payetsa.
Sí, ya ves tú. Sin tener ni idea...
Pues unos recuerdos de lo más entrañable porque teníamos unos ensayos que eran larguísimos, sobre todo en verano. Yo les hablaba mucho a ellos ¡y me escuchaban, curiosamente! Fueron unas vivencias inolvidables. Además, coincidió que eran todas unas familias estupendas.
Sí. Había tres hermanos de una familia, dos de otra, y también otros. Sí, había muchos hermanos.
Sobre lo del Ministerio, dijo Raúl Ferreras a Lucio: “oye, si no te importa voy a presentar este trabajo a los Premios del Ministerio de Cultura”. Lucio le dijo que hiciese lo que quisiera, y pasado el tiempo llama Raúl y nos dice que nos dieron el Primer Premio a las Artes Escénicas, y te quedas…. Un premio que era ¡un millón de pesetas! Lucio, cuando propuso el trabajo del disco a la Sociedad San Miguel, no se quisieron embarcar porque era muy caro, y al final se hizo, pero lo pagó Lucio de su dinero. Después con el premio se compensó y consiguió no perder nada, y también repartió dinero entre los que participaron. Y aún queda algo de dinero en el banco en la Sociedad San Miguel devaluándose supongo.
Sí, lo arriesgó porque el disco se vendió, pero ya ves tú, no es un disco de moda que se fuera a vender como rosquillas. En aquellos años yo veía que pasaba alguna vez un coche con las ventanillas bajadas con la música del disco sonando, y “prestábame muito” (ríe).
Quien nun dice tseite, tsume, tsino y tsana, nun ía del vatse de Tsaciana”. Hay que pronunciarlo bien, que a mi me cuesta porque hay que poner la lengua hacia el paladar para que suene...es difícil.
Sí, sí, no es que lo hablara todo, pero lo básico sí. Mi abuela lo hablaba todo, absolutamente todo, y es bien guapo y así como cariñoso. Mi madre también tenía palabras pero ya menos, porque fue a Sierra Pambley, a la Institución Libre de enseñanza, y ahí hablaban un castellano correctísimo.
Sí, nosotros tenemos las letras casi todas. Por ejemplo: “Nun me rondes, nun me rondes, que nun quiero ser rondada, soy fitsa de padres probes, nun quiero ser mermurada”. Nosotros cantamos todo lo que podemos en la nuesa tsingua.
En la zona de Somiedo, y hasta Tineo y Cangas, también con variantes, pero sí. Para Asturias central ya no.
Pues muy cercana, y te estoy hablando de la época de mi abuela, porque rara era la familia que no tuvo hijos que no fueron allí, pero eso en 1936 desapareció.
De lo que se publicó en A Xeíto la transcripción musical la realizó Miguel Manzano, del resto creo que no.
Estuvo aquí en casa para enterarse de lo que tenía que hacer con respecto al disco. Era un hombre majísimo, y conocí también a su mujer, que hacía cerámica. Tenemos alguna pieza.
Éramos muchos, así como 30, pequeñines, y de 12 a 14 años. Eran de la zona, había una chica de Omaña también, dos de Babia, pero sobre todo eran de la comarca.
Ensayábamos los sábados durante todo el año, y en verano todos los días si teníamos alguna actuación.
Mi idea era no salir a ningún sitio al principio. Yo quería que los nenos aprendieran a bailar como bailaba la gente de antes, mis abuelos...después un día se presentó la comisión de fiestas en el salón del pueblo donde estábamos ensayando y nos dijeron que teníamos que actuar el 14 de agosto. Como no teníamos ni trajes para los nenos, hablé con las familias, y así empezó todo. Después Melchor el del Puerto nos dijo que teníamos que ir a Cangas. Allí nos vio un grupo de Oviedo que se llamaban “Los Urogallos”, de gente de mi edad por entonces, unos treinta y tantos años, y nos dijeron que fuéramos a cantar a Oviedo por San Mateo, y así empezó...después otro verano la Caja de Ahorros de León nos contrató para bailar por toda la provincia, una cosa...recuerdo que una vez teníamos que actuar en Palencia y al día siguiente en Grao (Asturias), casi no dormimos.
Sí, sobre todo en los 80, en los 90 también pero menos porque los chicos ya empezaron a salir a estudiar fuera, pero en verano seguíamos bailando, pero ya era menos actividad.
Pues mira, bailamos en León antes de la pandemia, pero actualmente es muy difícil juntarnos.
Sí, eran más decoradas. Y sin cintas, no como los maragatos. Aquí eran más austeros en eso. Aunque yo vi en una casa en San Miguel unas que hizo mi hijo, que tenían unos pompones, pero no era lo habitual. Aquí se tocan más con las manos.
Pues del País, de piorno, estas escobas que hay en primavera, que cuando crecen tienen una raíz importante, de nogal, de frutales, cerezo, de los árboles de aquí.
No había, pero venían. sí que pasaban por aquí. Yo nos los ví, pero mi madre y mi abuela lo recordaban.
Son bastante semejantes pero con matices eh! Porque siempre hay variantes de zona que son muy interesantes de conservar, por otra parte. Por ejemplo, en el baile, nosotros con los del son de arriba hay diferencias notables, porque ellos saltan, aunque ahora ya está más unificado todo. Y en la música también. Aquí tenemos una variedad y riqueza de sones...
Por supuesto la más importante de todas es el Baile del País, también llamado Chano o Son de Arriba, que creo que nunca va a desaparecer. Cuando nosotros recogimos los Pollos, el Careao, la Juliana, la Jota Babiana -que estaba vigente aún en Babia-... muchos bailes se habían perdido totalmente ya, por eso hubo que salir a muchos sitios donde nos decían que aún nos lo podían bailar. Íbamos mucho a Torrebarrio, por ejemplo, de donde era nuestro músico, Roberto Barriada, que tocaba el acordeón.
Sí, sí. Y sin querer darme importancia, yo creo que tuvo mucho que ver en ello nuestro trabajo A Xeíto, porque yo veo que grupos de música folk lo hacen como nosotros lo recogimos.
Está Tsaciana, y de bailes hay otros dos más, aparte de D´Urria, que hace música folk.
Sí, sobre todo el Baile del País, que es llevadero y sereno.
Ah, claro, con Concha Casado, bailando también. Y en otro donde hay muchas pandereteras de la provincia, donde está Dolores del Val de San Lorenzo. Salimos ahí mucha gente explicando. Es muy interesante.
Ay, la relación con Concha...eso fue una suerte. Cuando venía por aquí siempre venía a nuestra casa. Era especial. La llamabas a dar una conferencia y se pagaba ella el taxi, date cuenta. Cuando hizo el libro de “La indumentaria de las comarcas leonesas” aquí la acompañé yo, porque fuimos también a Babia. Me acuerdo de que entrevistamos a Manolo, un madreñero, y es que a Concha le interesaba todo, hasta lo que desayunaba (ríe). Llegamos a las 9,30 de la mañana y estuvimos allí la mañana, eh?. Era muy trabajadora y exigente consigo misma, y con los trabajos. Me acuerdo una vez que iban a hacer unas pallozas para el Bierzo, y querían encargar la paja a Francia. Entonces dijo Concha “no, eso es carísimo, la paja la va a sembrar la gente de este pueblo, y ellos la van a preparar, y ellos van a hacer las pallozas”. Que fíjate tú qué cosa tan lógica, con toda esta gente con estas tierras “en poulo”, gente joven que les vas a pedir esto y les va a encantar, y se les va a pagar a ellos. Concha era así. Me encantaba y teníamos mucha relación. Todo lo de los pueblos le apasionaba.
Sí, sí, mucho. Otro genio. Todo lo que escribió, con esa forma de escribir, ella lo vivió todo. Porque era también de una casa de labranza. Tenía esa facilidad de escribir y transmitir tan bien de esa forma tan sencilla. Eva siempre escribió en la lengua del País. Tenemos una letra de ella, “las brañeras del Pedroso, tsavanse con la debura, por eso tienen na cara, todita la fermosura”. El Pedroso era una braña de allí de Palacios, y la debura era la leche que quedaba de hacer la mantequilla que es azulada, y tiene grasa aunque poca.
Mira, os voy a recitar una poesía de la maestra de Robles, doña Elena Calzada, con la que tocábamos el pandeiru en el recreo.
Vou a contar muitas cousas
En antiquo tsacianiego,
Porque you nací en Tsaciana
A muita honra, nun lo niego.
Este falar tsacianiego
Que naide quier prenunciar
fíxulu la xente buena
xunto al murillo y al tsar.
Atsi cantaban las mozas
al son de la pandereta
mientras las vietsas filaban
espurriendo bien la gueta.
Los rapacines comían
el caldo en una escudietsa,
ya pa después ya tenían
de manteiga buena retsa,
que la güela había feríu
en el odre de una güetsa.
De tarde faían calecho,
ya de nueite filandón,
pa filar y hacer calceta
escarpines ya blanqueta
ya de cousas un montón.
Al tsegar la primavera
ya nun faían filandones,
subían el ganau pa la braña,
a pacer los cascarones*.
Subían vacas ya tenrrales
con las tsuecas ya las presuras,
y al tsegar a los corrales
entrábantses las bravuras.
Las brañeras faían la salga,
fiendo frisuelos ya baile,
na cabana del tío Melo
que tenía un coral muy grande.
Ya los mozus de Tsumaxu
solíanlos convidar,
y ahí veréis a los brañeirus
baitsando a todo baitsar.
Y al tsegar la media mano
sentábanse a cortexar.
Muitas más cousas contara
que sei desde la niñez
pero habrá que poner punto
ya dexalo pa outra vez.
*Los cascarones es un paraje de la braña del pueblo de ella.
Lo veo muy bien, sí, sí, porque hay muchísima afición y en verano, cuando se hace alguna actividad por ejemplo en Sierra Pambley, siempre hay un grupo que baila. Y después María del Mar, que es profesora de música, da clase de música en la Casa de la Cultura, y ahí hay un grupo de acordeonistas estupendo. La música aquí no se pierde, está muy bien. Y tienen muchas piezas del folklore tradicional, de las antiguas.
Bueno, pues mucha emoción, y sorpresa. A mi marido sí que le hubiera encantado ver que lo que hicimos con tanto entusiasmo tuvo tanta repercusión.