No es un nombre muy rebuscado y, en verdad, tampoco me lo puse yo. Realmente, es una contracción de mi nombre, José Benito: “Txe” (Che) de José, y “Be” de Benito. En la comarca de El Rebollar a los José, además de “Pepe”, se les llama “Ché”. Lo de la grafía con “TX” es por influencia de mis amigos y mi pareja, nacidos en el País Vasco. Me gustó y así quedó.
Bueno, por suerte, siguen siendo de allí. Como muchos de nuestros paisanos, tuvieron que emigrar por trabajo, y lo hicieron a Madrid, concretamente a Leganés, donde llevan más de 50 años. Aunque yo nací en Madrid capital, concretamente en Carabanchel Bajo. Después me eché una novia que tampoco vivía por aquí, sino en Donostia (aunque desciende de la Alberguería de Argañán, otro pueblo de la comarca de Ciudad Rodrigo), y “quedamos”, como quien dice, a “mitad de camino”. Nos vinimos a vivir a Peñaparda y abrimos un negocio en el pueblo, concretamente una panadería con una pequeña tienda.
Al final, es algo que has “mamado” en casa. Mi abuelo bailaba, mi abuela cantaba, mi madre baila y toca el “panderu”. Siempre hemos vivido las tradiciones, de todo tipo, en casa, y casi era algo “inevitable”, se lleva en la sangre. Primero aprendí a bailar los bailes de Peñaparda y, a partir de ahí, todo lo demás: bailes de Salamanca, gaita y tamboril, “panderu”, pandereta,... Lo que caiga en mis manos. Nunca se deja de aprender, además de que me encanta aprender cosas nuevas.
Es cierto, el oeste de la provincia de Salamanca es muy rico en tradiciones, desde los trajes, los bailes, los instrumentos,... hasta la lengua. De hecho, en la comarca de El Rebollar seguimos hablando leonés (le pese a quien le pese, y por muchos años), también en la comarca de Las Arribes. Y en los dos pueblos de habla portuguesa de este lado de La Raya: La Alamedilla y La Bouza. Al final, el oeste charro no pilla de camino a ninguna parte, no estamos en las corrientes principales de movimiento de personas, y eso ha hecho que la cultura tradicional se conserve en todo su esplendor. Y al final eso se nota, y si ya de por sí eres propenso a participar de ellas, acabas aprendiendo e interesándote. Son tierras de grandes pandereras, de grandes tamborileros, de grandes bailadores,, de cientos de tradiciones ancestrales,... Si no estás hecho de piedra, tiene que influirte a la fuerza.
En cierto modo sí, sin querer desmerecer a otras comarcas también muy ricas en tradiciones. Nosotros, en El Rebollar, somos rayanos tanto con Extremadura como con Portugal. Prácticamente no estamos de camino a ninguna parte, sino que somos una especie de “fin del camino”. Ese aislamiento ha hecho que las tradiciones se conserven casi intactas, y ello a pesar de persecuciones y prohibiciones (que ambas las ha habido) y de la vorágine de los tiempos modernos, que vienen arrasando con todo lo antiguo. A pesar de todo, sigue habiendo pandereras, sarteneras, tamborileros, bailadores,... Es una especie de “milagro”, nuestro pequeño milagro.
Sí, siempre influye, especialmente con los temas extremeños. Al final las fronteras políticas son administrativas, no culturales, y las tradiciones pasan por ellas como pasa el aire. Así, tocamos temas como “El Redoble” o “La Serrana de la Vera”, por poner dos ejemplos (aunque hay muchos más) y, del mismo modo, los tamborileros extremeños tocan canciones charras. Es algo de ida y vuelta. Incluso en Extremadura siguen hablando leonés, de la variedad oriental, que ellos llaman “estremeñu”. Es otro tema que nos une. En el caso portugués influye menos musicalmente, aunque del otro lado de La Raya también tocan pandero cuadrado, que ellos llaman “adufe”. Pero la influencia, aunque algo menor, está.
Sí, se vive con más fuerza en aquellos pueblos que tienen un grupo “de charro” (grupo folklórico). En este caso, Robleda (Robrea), Peñaparda y El Payo (Payu). En Robrea, principalmente con gaita y tamboril; en Peñaparda, con el “panderu” (aunque también hay cosas de gaita y tamboril); en el Payu, con la sartén... Eso no quiere decir que en los otros pueblos no haya nada. Por ejemplo, en Navasfrías (Navafrías) no falta la música tradicional en las celebraciones. Y en Villasrubias (Villarrubias), además de que todavía hay gente que sabe bailar, la gente es muy aficionada a la música de acordeón y cuando se hace algo con ese instrumento siempre es un acontecimiento muy bien recibido.
Podemos decir que ha llegado “milagrosamente” a pesar de las persecuciones. Porque, desde hace décadas, nos han venido mintiendo con eso de que “hablamos mal”, y se ha perseguido “la palra” tanto en la escuela como fuera de ella. Sobre el origen, ya indicó Menéndez Pidal su origen leonés, dentro de lo que se conoce como “leonés oriental”, junto a otras variedades como el oriental de Asturies, el “cántabru” o el “estremeñu”, variedades con las que comparte muchas semejanzas. “La palra” no es menos leonesa que el “cabreirés”, sólo es una variedad distinta de la misma lengua.
Sí, sigue muy viva, aunque le pese a algunos. Es mayoritaria entre la gente mayor de 75 años, que la hablan casi todos. Y, como tenemos la buena costumbre de vivir muchos años, 75 años no son tantos para nuestra gente. Entre los de más de 50, también hay bastante gente que conserva nuestra lengua leonesa, bien es verdad que menos pura, más castellanizada. De momento, lo que falla es la gente más joven. En la escuela se aprenden muchas cosas, pero la persecución secular hace que “desaprendas” la lengua materna que, en nuestro caso, es el leonés, nunca fue el castellano. Entre la gente que vivimos en la comarca y la que vive en Francia, lo seguiremos hablando unas 3.500 personas. Yo tengo la suerte de poder hablarlo a diario con muchos de mis clientes.
La verdad es que recuerdo aquel día con mucho cariño, y con mucho orgullo. Que se usase una modesta poesía mía para algo tan grande como la defensa de la lengua leonesa es algo que le llena a uno de orgullo. Pero, por desgracia, la implicación de las distintas administraciones en la defensa de “la palra” y demás veriedades del llionés es muy pequeña, casi anecdótica. Desde el ayuntamiento de Robrea sí que se ha hecho algo, como poner bilingües los carteles de las calles del pueblo, o señalizar en “la palra” los caminos del pueblo. En Peñaparda, en su tiempo, se señalizaron algunos caminos (de eso ya hace mucho). Los demás pueblos, de momento, no han hecho nada. Desde otras instancias, señalar aquella partida que, hace unos años, dedicó la Junta de Castilla y León al llionés, que fue a parar a la creación de la Cátedra de Estudios Leoneses, la reedición de “El dialecto leonés” y la grabación de tres documentales sobre el “llïonés”.
Pues, ahora mismo, internet es una herramienta muy útil para aprender la lengua que quieras. También “la palra”. De hecho, llevo unos meses con un pequeño curso de “rebollanu” mediante un blog, vamusapalral.blogspot.com Además, para la gente más apegada al papel, están los libros de Ángel Iglesias Ovejero sobre el “habla del Rebollar”, uno de descripción de la lengua y otro de léxico, con los que se aprende muchísimo. Y, el mayor consejo, que aprendan de sus abuelos, que NUNCA hablaron mal, muy al contrario, siempre han hablado la lengua propia de nuestra comarca, de nuestros pueblos. Realmente, es quien reniega de “la palra” y habla castellano el que habla mal, pues está despreciando la lengua de sus antepasados, está despreciando nuestra herencia cultural.
Pues, realmente, tiene un papel bastante activo. Además de mí, que canto muchos temas en “la palra”, no soy el único (por suerte). De hecho, el grupo “El Fandangu” de Robrea canta habitualmente en “la palra” y ha grabado un par de discos con temas y títulos en “rebollanu”: “Cantaris antigus de Roblea” y “Tonás de antis”. Los demás grupos y gente, por desgracia, no cantan en nuestra “palra d’El Rebollal”, aunque sí que meten alguna palabra en algunas canciones, no está desaparecida del todo, pero siempre se puede hacer más.
Evidentemente, no en el de gaita y tamboril (es “difícil” tocar la gaita charra y cantar a la vez). Pero sí en mi repertorio de “panderu”, de sartén y de pandereta. En el pasado se hizo desaparecer “la nuestra palra” de las canciones. Desde luego, no es “pecado” recuperarla. Así que canto en “llionés” todo lo que puedo.
En verdad, lo que recibe el nombre de “gaita” es el instrumento. A la flauta de tres agujeros la llamamos “gaita”, pero el intérprete es el “tamborilero” (o “tamborilera”, que también las hay, y con muy buen hacer). En “la palra” el término es “tamborileru” y, de hecho, así se llama mi negocio, Tahona “El Tamborileru”. Siempre predicando con el ejemplo.
Ja, ja, ja. Lo dices casi como si fuese famoso. Bueno, dentro del mundillo del folklore sí me conoce la gente y me llevo bien con casi todo el mundo. Por supuesto, me conoce más la gente de la comarca de Ciudad Rodrigo, que es por donde más me muevo. Principalmente soy “tamborilero”, aunque hay gente que dice que soy “folklorista”. Músico tradicional tampoco me disgusta. Al final, la denominación es lo de menos, lo importante es poder tocar y mantener vivo el legado tradicional de nuestros padres y abuelos. Además, es algo que me encanta, ojalá pueda seguir tocando y bailando muchos años.
Lo he “mamado” en casa así que, seguramente, desde siempre. Luego, las inquietudes, el afán de aprender, te lleva a aprender otros bailes, otros instrumentos, otras canciones,... Pero lo de la comarca, quizá desde siempre.
Siempre quise que nos apuntásemos y tener contacto con otra gente de nuestra tierra. Aunque tardamos años en apuntarnos, al final lo hicimos cuando yo tenía unos 20 años (ya ha llovido). Y allí conocí a mucha buena gente, aprendí mucho (entre otras cosas, a tocar el tamboril) y guardo muy buenos recuerdos. Pese a la distancia, nunca he dejado de tener contacto con la Casa de Salamanca de Leganés. De hecho, mi madre, que sigue vivendo allí, sigue cantando y bailando allí. Seguimos teniendo mucha vinculación.
Es el grupo de “baile charro” de la Casa de Salamanca de Leganés. Allí es donde aprendí a bailar los bailes de Salamanca (menos los de Peñaparda, que los aprendí en casa). Allí es donde aprendí a tocar la gaita y el tamboril. En ese grupo debuté como tamborilero. Cuando yo estaba éramos un grupo muy joven, con muchas ganas de bailar, con muchas ganas de aprender. Lo pasamos genial e hicimos muy buenos amigos allí. Siempre seré parte del grupo “Charrería”, y el grupo “Charrería” siempre será parte de mí.
Evidentemente. Casi todos mis comienzos fueron allí, y aprendí mucho allí. También teníamos otro grupo llamado “Sentires del Duero” donde aprendimos a bailar el “paleo” de Saucelle. Y un grupo llamado “Jumbrio” donde hacíamos música folk. Aunque éramos prácticamente la misma gente, pero teníamos ganas de hacer muchas cosas (y seguimos teniéndolas, aunque hayan pasado los años).
Sí, Amador ha sido una persona muy importante en mi vida. Fue con el que aprendí a tocar la gaita y el tamboril. Él era tamborilero tradicional, de los que había aprendido “a la antigua”, y así enseñaba. Por eso, los que aprendimos a tocar con él tenemos un estilo bastante diferente a los de “escuela”. Fue una gran persona, un “bobo tocón”, como él decía, que disfrutaba enormemente de tocar ese instrumento que tanto amaba. Y ese entusiasmo por lo que hacía siempre nos lo transmitió. Espero no perder nunca ese entusiasmo. Por desgracia, Amador nos dejó en el mes de septiembre, ya con 95 años. Pero la pena está ahí, y el recuerdo siempre estará con nosotros.
Sí, era el tamborilero del grupo “Charrería” cuando entramos en la Casa de Salamanca. Y nunca dudó en enseñarnos a tocar a los que quisiésemos aprender. Además, era luthier, mi primera gaita y mi primer tamboril eran suyos, hechos por su mano. Una vez que fuimos aprendiendo íbamos entrando a tocar los demás, pero él nunca dejó de tocar, el “oficio” de tamborilero es para siempre.
Fue un proyecto muy bonito aunque, por desgracia, no duró mucho tiempo. Se trataba de difundir los bailes y la cultura de la comarca de El Rebollar, de todos los pueblos, con todos los instrumentos y, también, usando “la nuestra palra”. Pero, al final, las obligaciones laborales y académicas de todos hizo que que tuviésemos que dejarlo. El nombre surgió de una de las fuentes de Peñaparda, el “charaíl de los Chabarconis”, y del nombre de la comarca, pues abarcábamos los bailes de todos los pueblos. Fue bonito mientras duró pero, por desgracia, es un proyecto que quedó por el camino.
Sí, hay veces que actuábamos como dúo, bajo el nombre de “Txebe y Patri”. Era, sobre todo, para dar conciertos y recitales musicales, sin bailes, sin trajes, pero con los instrumentos y la música tradicional de la comarca: gaita y tamboril, “panderu”, sartén, castañuelas,... Y otros como la pandereta. También cantábamos en “la palra”, y nos movíamos por muchos sitios, llegando a tocar en Benavente o en Asturies. Ahora ya no nos prodigamos tanto, pero es algo que está ahí, por si surge algo que nos atraiga. Al no ser una obligación, no actuamos “por costumbre”, sino en aquellos eventos donde nos apetece actuar.
La verdad es que goza de muy buena salud. Hay muchos grupos que hacen una música estupenda. Hay muchos tamborileros, tanto mayores como jóvenes. De hecho, en Salamanca, concretamente en Aldeatejada, conseguimos hace unos años el Récord Mundial de tamborileros tocando juntos y, aunque vino gente de la escuela de Zamora, la gran mayoría éramos de Salamanca (y faltaron muchos). Se puede decir que “le pegas una patada a una piedra y sale un tamborilero”. Hay mucha gente aprendiendo a tocar la pandereta (también era un instrumento que se tocó por estas tierras). Y el relevo está asegurado en cuanto al “panderu” en Peñaparda y la sartén en Payu. Creo que, en ese sentido, a día de hoy hay más gente que sabe tocar bien de la que sabe bailar bien. Algo que, a medio o largo plazo, puede ser un problema.
Bueno, el que quiere aprender, aprende. Los que sabemos tocar siempre estamos dispuestos a enseñar a quien de verdad quiere aprender. Como se ha hecho siempre. No hay escuelas de folklore como tal en El Rebollar, pero siempre están los grupos “de charro” para aprender a bailar y los músicos para aprender a tocar.
No destacaría a un único grupo, pues todos ellos hacen una labor estupenda. Desde “El Fandangu” de Robrea, hasta el “Jálama” de Payu, pasando por el grupo folklórico de Peñaparda, el grupo “El Charaíz Redondo” de Guinaldu, “Al son del tamboril” de Ciarrodrigu,... Hay muchos que mantienen viva la llama y hacen una labor fantástica. Y que sigan muchos años.
¡Buf! Sería muy largo de explicar bien. Como pinceladas, decir que usamos cuatro instrumentos tradicionales: gaita y tamboril, “panderu”, sartén y castañuelas. De ahí salen bailes como “El Son”, “El Fandangu”, “L’Ofretoriu”, la “Jota de dos pasus” de Robrea (todos ellos con gaita y tamboril), el “Ajecháu”, el “Salteáu” y el “Corríu brincáu” de Peñaparda (todos ellos con “panderu”, aunque también se pueden tocar con gaita y tamboril), la “Charrá primera”, la “Charrá segunda” y el “fandangu y repicotéu” de Payu (todos ellos con sartén). Las castañuelas siempre acompañan al baile, y siempre son tocadas por los bailadores (nunca por las mujeres, que usan los brazos en el baile de manera que les impide tocar las castañuelas). Además están “L’Ofretoriu” de Peñaparda y los distintos “pasacallis” y “alborás” que siempre son con gaita y tamboril. Luego hay distintas canciones que se pueden acompañar de diversos instrumentos (o de ninguno, que también las hay). Como he dicho, es larguísimo de contar, daría casi para un seminario sobre el tema.
Realmente es el mismo instrumento. Las principales diferencias son los materiales con que se hacen y las “afinaciones” que, muchas veces, dependen del artesano. En Salamanca suelen estar hechas de encina, hueso y cuerno, aunque existen unas muy curiosas de hueso de ala de buitre. Y luego ya, según el artesano. Son muy solicitadas las de corazón de encina. También se han puesto de moda las de ébano, o las de varias maderas. Y luego ya, encargos “a gusto del consumidor”, con incrustaciones de hueso, con dibujos,... Las de Llión, por ejemplo, suelen ser prácticamente sólo de madera, y casi talladas de una pieza. Pero no por ello peores, cada una, en su tierra, tiene su encanto y su personalidad. Y eso es lo bonito.
El tamborilero, como músico, suele ser individual, ya que lleva la melodía y la percusión. Eso no quita para que, por ejemplo, hagamos los pasacalles conjuntamente, o podamos tocar algún tema entre varios cuando nos juntamos en algún evento. En cuanto a grupos en sí que hagan música con varios tamborileros a la vez, el único que me viene a la cabeza es “Cuatro gaitas”, con tamborileros de Ciudad Rodrigo y Sancti Spíritus, y el grupo de la Escuela de Tamborileros de Ciudad Rodrigo, del que pudimos disfrutar en la gala de los Premios MT del año pasado. No es lo habitual, pero el resultado es muy bueno.
Es cierto que Peñaparda es conocida por “su” pandero cuadrado. Evidentemente, no se tocan panderos cuadrados sólo en Peñaparda, pues es un instrumento que se toca en todo el oeste peninsular: Asturies, Galicia, Llión, Zamora, Tras-os-Montes (Portugal), Beira (Portugal), y en pueblos de Salamanca, Cáceres, Badajoz y Huelva. Lo realmente único de Peñaparda no es la forma cuadrada, sino la forma en que se toca, con una “porra” (un palo, una baqueta) similar a la de un tamborilero, cosa que NO se da en ningun otru lugar. Eso es lo que hace realmente especial al “panderu” de Peñaparda, el tocarse con “porra” en vez de con la mano. Al final, eso hace que dé mucho juego a la hora de tocarlo, pues mezcla muchos sonidos que no se pueden sacar con la forma de tocar de otras zonas. Y por esa versatilidad y esa variedad de sonidos son muchos los grupos e intérpretes que lo incluyen entre sus instrumentos, desde el gran trikitilari vasco Kepa Junkera hasta el gran músico gallego Xabier Díaz y sus “adufeiras de salitre” o, sin irnos tan lejos, el grupo charro “Folk on Crest”. Pero son muchos los ejemplos.
Sí, sí que es compatible. De hecho, antiguamente no era nada raro, pues “tamborileru” y panderera se juntaban a tocar y, mientras ésta llevaba el ritmo de la canción, aquél hacía la melodía con la gaita. Ahora se ve menos, las pandereras suelen cantar y tocar, llevando ellas mismas el ritmo y la melodía, pero antes era habitual...
La Fiesta del Pandero Cuadrado surgió en un momento en el que, realmente, la supervivencia tanto del instrumento como de los bailes estaba en riesgo de desaparecer. Había que hacer algo y qué mejor que una fiesta en la que saliese a relucir el instrumento, la riqueza de los toques, los bailes, las vestimentas tradicionales, y en la que los niños también subiesen al escenario a bailar y a tocar. Se empezó con los grupos de la comarca y se ha ido ampliando, invitando a algún grupo de más lejos. Incluso, alguna vez, de Portugal. El objetivo se ha cumplido pues, a día de hoy, el relevo está asegurado tanto en el baile como en el instrumento. Además, por supuesto, de dar a conocer el “panderu” y, de paso, el pueblo de Peñaparda. Además, con el valor añadido de que es una fiesta que hace la gente del pueblo, en la que se implica toda la gente del pueblo, y que se hace con poco dinero pero mucha ilusión. Que una fiesta así haya llegado a su edición número 25 es uno de esos “milagros culturales” que se dan por aquí.
En el pasado sí, pues era un instrumento “femenino”, que tocaban sólo las mujeres, mientras que la gaita y el tamboril eran instrumentos “masculinos”. A día de hoy, sigue siendo un instrumento mayoritariamente tocado por mujeres, aunque hay muchos ejemplos de hombres que lo tocan. Sin contarme a mí, hay otros hombres que lo tocan en Peñaparda. Y, por supuesto, también fuera de ella. El ejemplo más conocido es el del músico vallisoletano Eliseo Parra, que ha ayudado mucho en la difusión del instrumento.
Creo que, como artesanas, siguen quedando esas dos, Andrea y Juana, aunque creo que Antonio “alguacil” también los hacía. Sé que Juana hace cursos de construcción de pandero, así que el saber en sí no se pierde. Creo que no es difícil hacerlos, aunque sí dan mucho trabajo. Por eso no salen más artesanos porque, al final, el precio que se cobra por ellos no refleja el trabajo que da hacerlos. Realmente, hay que aplaudir a las dos artesanas que todavía los hacen. Muchas veces aplaudimos al músico, pero nos olvidamos de los artesanos, que son igual de importantes. Sin instrumentos no hay música.
Sí, por supuesto. Además, tengo la suerte de haberlo aprendido en casa, pues mi madre, María Antonia Pascual Mateos, también toca el “panderu”, y es de quien he aprendido a tocar los ritmos tradicionales. Luego, cada intérprete toca las canciones que más le gustan, y todos tocamos “diferente”, que es lo bonito. Si tocásemos todos igual, ¡qué aburrido sería! Además, tengo la particularidad de cantar los temas en “llionés”, honrando y defendiendo así la lengua que nos dejaron de herencia nuestros abuelos. Honrar “la palra” es una manera de honrarlos a ellos.
A día de hoy sólo se conserva, milagrosamente, en Peñaparda aunque, seguramente, hace un siglo se tocaba en más pueblos de El Rebollar. Cuando José Ramón Cid empezó sus investigaciones en la comarca, los mayores le comentaron que se acordaban de haberlo oído tocar en Villarrubias y en Robrea. En Payu se toca la sartén con los mismos ritmos, así que tampoco es descartable que se tocase el “panderu”, del mismo modo que en Peñaparda y en Villarrubias se tocaba la sartén.
Como ya dije antes, son muchos los grupos que lo incluyen entre sus instrumentos debido a su variedad de sonidos. A mí, particularmente, no me molesta. Al contrario, toda esa gente va llevando el nombre de Peñaparda por donde quiera que van, y eso es una propaganda impagable. Mucha gente quiere conocer la “cuna” del “panderu”. Y eso, realmente, es algo bueno.
Es muy difícil decir nombres y no olvidar a nadie. Desde las antiguas, como Eugenia González, Máxima Ramos o María Ramos, hasta las más modernas como Isabel Ramos (hija de Eugenia), María Antonia Pascual, Sandra Ramos o Lucía Ramos, pasando por otras como Andrea Pascual, María “de las patatas”. Como tamborileros antiguos, el tío Eugenio “Bellotu”, o el tío Colás “tamborileru”. Aparte de los modernos que tocamos tanto el “panderu” como la gaita y el tamboril, como yo, (José Benito Mateos “Txebe”) o Raúl Benito. Se me quedan muchos en el tintero, pero es una buena muestra.
Pues, a día de hoy, creo que nadie las hace en la comarca de El Rebollal. Antiguamente las hacía José María Mateos Valiente, en Robrea, pero de las de hueso de ala de buitre (no sé si las sigue haciendo). Pero de las “normales”, no las hace nadie por aquí (que yo sepa). Por ejemplo, las que yo tengo (aparte de las que hizo mi maestro) las compré en Vitigudino y en Aldeatejada. También hay artesanos en Salamanca capital y en otro algún pueblo que no recuerdo. Pero no en El Rebollal.
Son tres toques (y bailes) de distinta familia rítmica. El “ajecháu” (o “primeru”, por bailarse siempre en primer lugar) es de la familia de los charros. El “salteáu” (o “sorteáu”) es de familia de las charradas, picaos, perantones,... Y el “corríu brincáu” es de la familia de la jota. Se bailan siempre en este orden: “ajecháu”, “salteáu” y “corríu brincáu”, empezando por el baile más “asentáu” y acabando con el más movido. ¿Diferencias? Las hay tanto a la hora de bailarlos como a la hora de tocarlos. Sería larguísimo de explicar y, realmente, hay que verlo para entenderlo. Por decir algo, los dos primeros bailes son en dos partes (paso-cruce), mientras que el tercero tiene tres partes (paso-cruce-remate). Eso se nota a la hora de tocar, porque tienes que marcarles los cambios a los bailadores. Y con la particularidad de que esos cambios no tienen por qué coincidir con las partes de las canciones. Lo dicho, muy difícil explicarlo con palabras, hay que verlo.
Sí, todo lo que se toca al “panderu” se puede tocar con gaita y tamboril. Los tamborileros antiguos los tocaban y, cuando les contrataban para hacer el baile (o la fiesta que fuese) los tocaban. Los tamborileros de hoy día también los tocamos, Lógicamente, la riqueza rítmica no es igual, pues el “panderu” lo tocas con las dos manos, mientras que el tamboril sólo con una (la otra hace la melodía con la gaita).
En la comarca de El Rebollal tenemos la suerte de tocar “todos los palos”. O sea, se conservan todos los ritmos tradicionales que estudiaron, en su día, José Ramón Cid y Alberto Jambrina. De la familia del charro son el “ajecháu” de Peñaparda y la “charrá primera” de Payu. De la familia de la charrada son el “salteáu” de Peñaparda, el “sorteáu” de Villarrubias, la “charrá segunda” de Payu, “El son” de Robrea,... Y los “ofretorius” de Peñaparda, Villarrubias y Robrea que, además, tienen la particularidad de ser bailables, de los poquísimos ofertorios que se bailan en la provincia de Salamanca (y, quizás, en la Región Leonesa). De la familia de la jota son el “corríu brincáu”, el “corríu antigu” y la “jota” en Peñaparda, “l’arreculas” y “la jota” en Villarrubias, el “fandangu y repicotéu” y “la jota” en Payu, y “el fandangu”, la “jota de dos pasus” y “la jota” en Robrea. Luego están, con el ritmo de pasacalles, los “pasacallis y alborás” de Peñaparda, Villarrubias y Payu. Y, con el ritmo de la familia de los ofertorios, los “pasacallis y alborás” de Robrea. La riqueza es inmensa.
De la misma manera que criticaba que, para el tema de “la palra”, las instituciones no estaban implicadas, hay que decir ahora que, en el caso de los bailes, los trajes y los instrumentos sí que existe esa implicación y sí que se valora. Quizá por ser algo más tangible, por ser algo “folklórico”, o por el tema que sea (no quiero entrar a valorar, pero seguro que nos podemos hacer una idea de las razones), el folklore sí que se valora, mientras que “la palra” no.
No nos conocemos todos (algo, además, que es imposible), aunque sí que nos conocemos en pequeños círculos. Hay gente que todos sabemos quiénes son como, por ejemplo, Mayalde, Jambrina o David “Omaña”, por poner un ejemplo de cada provincia de la Región Leonesa, pero otros muchos músicos tradicionales no nos son desconocidos y, muchas veces, coincidimos en eventos. Eventos que ayudan mucho a conocernos e intercambiar opiniones, impresiones,... Creo que, en este sentido, hay que valorar muy positivamente este contacto. ¿Que se puede mejorar? Por supuesto, todo es mejorable. Se pdrían hacer más festivales con la temática de la Región Leonesa, se podría promocionar más que las tres provincias somos, culturalmente, “un todo”, aunque haya diferencias entre comarcas (diferencias, por otra parte, lógicas),... Los Premios MT Reino de León también ayudan a este conocimiento y a esta unión.
Sí, tengo una panadería y una pequeña tienda en Peñaparda y, lógicamente, el trabajo te roba mucho tiempo. Pero siempre se intenta “guardar algo” para otras ocupaciones, como la música, máximo cuando uno tiene tantos frentes abiertos (música, libros, radio,...).
No hay un único tipo. Hay veces que me llaman para tocar pasacalles y animar en las fiestas de los pueblos. Otras veces, para festivales de tamborileros. Otras veces, para alguna celebración familiar como bodas, bodas de oro,... Cada tipo de celebración es diferente y, según el sitio, el repertorio también es diferente. Aunque todo pueda parecer similar, hay muchas diferencias entre evento y evento, y entre un pueblo y otro.
Sí, fue una sorpresa para mí. Siempre quise hacer algo de esto para difundir “la palra” y devolverle parte del prestigio que le robaron. Así que, cuando desde Radio Águeda me ofrecieron hacer el programa, dije que sí, y que quería hacerlo en “la palra”, a lo que no me pusieron problema ninguno. Era una oportunidad única. En cuanto tuve claro el esquema elemental del programa, empezamos las emisiones. El primero fue el 11 de noviembre del pasado 2024. Aunque soy un principiante en esto, desde Radio Águeda Esteban y Rebeca te ayudan mucho a la hora de hacerlo. La verdad, estamos muy contentos con el resultado, ojalá podamos seguir muchos años.
La música tradicional ocupa una parte importante del programa desde la misma sintonía. Aparte de dar a conocer “la palra”, también es importante dar a conocer la música tradicional, muchas veces desconocida para los propios habitantes de nuestra tierra. Aunque me centro más en la música tradicional de la comarca de Ciudad Rodrigo, no falta música de otras latitudes. Tampoco en otras lenguas, aparte del leonés (en sus diversas variedades) o el castellano. Pero casi siempre música de raíz tradicional. También es importante que la valoremos, es parte de nuestra herencia y, muchas veces, parece el “patito feo” de la música cuando, en realidad, tiene un valor cultural (y muchas veces, musical) inmenso.
Bueno, sólo animar a la gente a conocer nuestra cultura tradicional. Al final, conocerla es amarla. Y conocerla, respetarla y defenderla es honrar a todos los que nos la dejaron como herencia. Nuestros bailes, nuestros trajes, nuestros instrumentos, nuestros juegos, nuestras recetas,... Y nuestra lengua, ya sea la leonesa, la gallega o la portuguesa, que todas se hablan en la Región Leonesa además de la oficial. Todo es parte de nuestra herencia cultural. Todo es riqueza. En este sentido, no tenemos nada que envidiar a nadie. Y todo ello nos hace únicos. Somos únicos, pero muchas veces no lo sabemos. ¡Vivamos nuestra cultura!