En este mes de mayo nos acercamos a Salamanca para hablar con Julia Andrés Oliveira, una de las docentes e investigadoras de nuestra música tradicional más activas y emprendedoras, que nos ayudará a reflexionar sobre distintos aspectos de nuestro folklore, a conocer la interesante labor profesional que lleva años desarrollando, así como el trabajo que se realiza desde la especialidad de Etnomusicología, en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León en Salamanca, en pro del conocimiento sobre nuestra tradición musical.
Recuerdo que, en el colegio, por las tardes, cuando no tenía conservatorio y podía quedarme a jugar después de clase (entonces había horario de mañana y de tarde) oía ensayar en las aulas. Fui a Nuestra Señora de la Concha, actual San José de Calasanz, sede de la Escuela de Folklore. Me llamaba la atención aquel sonido tan alejado de mi formación musical en el conservatorio y en más de una ocasión le comenté a mi madre que me gustaría ir a tocar, lo que fuera. Este interés se fue acrecentando con la participación en la romería de la Hiniesta. Veía lo bien que lo pasaban y lo mucho que animaban la marcha los distintos grupos de gaita, flauta y dulzaina, sin olvidar la percusión. Ese es mi primer recuerdo de la música tradicional.
Fue una elección meditada que supuso mucha reflexión. Para entonces había realizado la prueba de acceso al superior y había hecho una intervención nefasta pese a todas las horas de estudio que llevaba a mis espaldas. No toqué bien y me puse muy nerviosa. Ese año no entré y dediqué gran parte de mi horario a seguir yendo a clases con otros profesores de piano mientras aprovechaba para asistir de oyente a distintas asignaturas en el superior. Gracias a que los profesores permitieron mi asistencia pude conocer a Juan Carlos Asensio y Lola Pérez Rivera, profesores de las especialidades de musicología y etnomusicología, respectivamente. La relación que establecí con ellos dos, especialmente, durante ese curso de preparación me animó a emprender los estudios de etnomusicología, pero cursando al mismo tiempo varias asignaturas de la especialidad de musicología. Para entonces el piano había perdido mi interés inicial y era consciente de que se abría ante mí una nueva etapa.
Escogí este tema porque creo que el ritmo en la música tradicional ha sido el gran olvidado. Desde que se comienza a recoger repertorio en los albores del s. XIX, el principal interés ha sido la melodía y el texto, valores indiscutibles de este corpus musical. El ritmo, sin embargo, elemento presente en toda manifestación musical no obtuvo la atención o el rigor necesarios para quedar anotado, y con ello, y esto es una impresión personal, se perdió gran riqueza rítmica suscrita a las melodías. Me planteé este tema de tesis porque ya conocía el ritmo de anteriores trabajos y la idea de superposición de compases y la fusión de acentos que ello conlleva lo hacía muy atractivo para poder estudiar su vínculo con el repertorio melódico y textual, en el caso de las melodías vocales. Conté para ello con la ayuda inestimable de mi compañera y amiga Lola Pérez Rivera, quien desde el comienzo me apoyó y revisó la redacción del texto final.
A modo de resumen, mi tesis trata de demostrar la relación que se genera en tres planos rítmicos: ritmo melódico, ritmo acompañante y ritmo prosódico del texto. A través del estudio de casos donde la métrica se circunscribe al uso de cuartetas octosilábicas o seguidillas, la estructura melódica y la plantilla rítmica se adecúan. Esto es interesante, pues como comentaba anteriormente, al no disponer de la transcripción rítmica, podemos deducir de la lectura de las melodías existentes en los cancioneros cuáles pudieron ser acompañadas con este ritmo frente a otros bailes transcritos. Lo que trato de poner de relieve es que la relación que se establece entre los tres elementos citados anteriormente es más dependiente de lo que se creía o por lo menos de lo que se había estudiado hasta el momento.
Mi trabajo de tesis se nutre de las transcripciones localizadas en cancioneros, en las misiones folklóricas del Instituto Español de Musicología (IEM) y las transcripciones que he realizado partiendo de fondo sonoro, antologías, fonotecas y trabajo de campo. Son muy importantes para esta investigación; suponen la prueba de la existencia del vínculo que defiendo entre los tres planos rítmicos expuestos anteriormente.
La etnomusicología no sólo aporta al conocimiento de la tradición, es una disciplina que trata de generar consciencia en torno a la música que nos rodea en la actualidad y que nos antecede. Cada alumno y alumna debe construir ese camino y ser consciente de que la tradición, con todo el peso y las distintas connotaciones que pueda tener el término, nunca fue estanca, repertorio pétreo inamovible, que siempre estuvo creándose y construyéndose, siendo permeable a todo acontecimiento social, tecnológico y por supuesto, al gusto imperante.
Cuando en clase estudiamos un cancionero o escuchamos grabaciones con repertorio tradicional somos conscientes que son un haz de luz del momento y que tanto un documento como el otro son un retrato puntual de ese acontecimiento sonoro. Lo que más nos interesa es por qué, cómo, cuándo y qué se transmitía con ello más que pensar en una reproducción exacta, tratando de conservar intacta cualquier reproducción. Cada persona hará suyo el conjunto de canciones y en virtud de su creatividad intervendrá o no la música, que por eso se trata de un medio de expresión. La recopilación y el trabajo de campo llevados a cabo en nuestro país nos han dotado de un fondo maravilloso, hay quien lo interpreta y quien lo estudia, dos caras de una misma moneda, necesarias.
Porque el enfoque y la metodología de estudio no tiene nada que ver con otras disciplinas que estudian la música, como la musicología. Se encarga de estudiar repertorios que no entraban en el canon académico hasta hace escaso tiempo y, sobre todo, y más importante, es sensible a los procesos de producción, reproducción y consumo de toda manifestación sonora, sin hacer escrutinio en cuestión de clase, formación o ideología.
Nace inmaterial, idea-sonido, sonido-idea, pero se enmarca en un contexto material. En torno a ese sonido se presentan los referentes materiales necesarios que lo dotan de contexto: rito, indumentaria, instrumento (objeto sonoro), cultura de representación (simbología), entre otros.
Miguel Manzano solía decir que era un repertorio muerto. No le faltaba razón, pues es un conjunto de melodías que nacen suscritas a una función. Una vez que la función no existe, ¿qué sentido tiene que la música siga?. Sin embargo, como buenos conservadores, educados en el valor de la escritura, todas esas músicas anotadas en cancioneros o grabadas en colecciones sonoras, nos permiten el acceso a ese pasado remoto donde se araba y se segaba cantando para hacer la tarea llevadera, o se dormía sobre el pecho cantor de una madre y como son melodías bellísimas, además de todo lo que conlleva formar parte de nuestro pasado cultural, hoy en día se siguen entonando, carentes ya de la función original, por el placer de ser escucharlas, de jugar con ellas y la nueva creación o por el hecho de mantener, en sentido figurado, parte de ese pasado cultural que aporta y da sentido en la actualidad.
Ya he dado pistas de lo que opino al respecto. Tenemos las fuentes y los registros sonoros, creo que es hora de interpretarlo tal cual o bien recrear nuevas posibilidades. Si nuestros antepasados hubiesen tenido otros estímulos y se hubiesen desarrollado en otras condiciones sociales, tendríamos otras músicas, igualmente magníficas. Lo importante es que están documentadas, a partir de ahí que cada uno se sienta libre de crear y recrear. No soy amiga de poner límites ni líneas rojas, y menos en una cuestión expresiva como es la música. El único detalle, no menor, que me gusta siempre apuntar, es que es importante conocer y aprender sobre cómo y por qué fueron y son esas melodías así, estudio, vaya…el conocimiento es la base, bajo mi punto de vista, a partir de ahí, imaginación y creatividad.
No creo en las esencias ni en las constricciones artísticas. Solo creo en el estudio y conocimiento. Cuando alguien presenta un arreglo o un nuevo producto musical basado en el repertorio de música tradicional es evidente, o al menos para mí lo es, hasta donde ha profundizado y cuál es su interés en el conocimiento de las melodías tradicionales. Pero sinceramente creo que los límites en la creación no deben existir.
Análisis, análisis y análisis, además de estudio, estudio y estudio. Era un hombre muy metódico y supo sacar brillantes conclusiones teóricas relacionadas con el comportamiento melódico del repertorio tradicional. Exploró y leyó a muchos colegas anteriores y coetáneos, y junto a este conocimiento supo canalizar su reflexión en obras muy importantes de recopilación, como son los cancioneros dedicados a las provincias de León, Burgos y Zamora, además de numerosos artículos y títulos como La jota como género musical. Sin duda es un referente y la mejor prueba de ello es la cátedra de estudios que inauguró en este sentido.
A Miguel le recuerdo desde mi trabajo fin de carrera, dedicado a la gaita de fole en la provincia de Zamora. Su generosidad y sabiduría siempre estaban al servicio de aquella persona interesada en el estudio de la música. Todo lo que fui escribiendo pasó por sus manos. Recuerdo que hablaba de las grabaciones de campo que había llevado a cabo en Zamora, cuando hizo trabajo de campo para la posterior edición del Cancionero de folklore zamorano, y me propuso entonces que sería interesante volver a revisarlas porque habían quedado sin ser publicadas tonadas, que, bajo su criterio, merecían haber sido transcritas. Fue entonces cuando se plantea sacar otro volumen del cancionero, pero justo durante esa época Juan Antonio Panero publica una colección de diez cedés con ADERISA (Asociación para el Desarrollo Económico y Rural Integral de Sayago) con aproximadamente 380 grabaciones de campo realizadas exclusivamente en la comarca sayaguesa. Entonces dijo Miguel -sería interesante transcribir este fondo sonoro porque es un cancionero en tránsito-. Me dejó perpleja con este comentario, ¿en tránsito?. Con el tiempo y tras transcribir el corpus musical junto a compañeros de lujo -Lola, José María y Susana- entendí lo que quería decir y que luego explicó el propio Miguel, maravillosamente en la presentación del cancionero, sobre lo que significaba enfrentarse a un repertorio recordado por personas que ya no cantaban asiduamente, que tiraban del recuerdo y que en esa nebulosa que es la memoria se identificaban como iguales canciones muy antiguas con otras de reciente factura sin ser discriminadas como algo diferente. Así nació el Cancionero tradicional de Sayago, un cancionero en tránsito.
El trabajo que ha realizado Juan Antonio Panero es indiscutible. Riguroso y de gran valor etnográfico en general, además del musical, claro.
Estudiar música siempre merece la pena, cualquier género a través de cualquier diciplina: interpretación, musicología o etnomusicología, por citar especialidades que atienden a la música como principal foco de estudio. Estudiarla desde la perspectiva de la etnomusicología es interesante porque parte desde la asunción de que todo sonido es susceptible de ser estudiado con vocación de conocimiento y entendimiento del contexto y/o cultura donde se piensa, se produce y se responde a ese estímulo sonoro. La sociedad actual demanda repertorios muy diversos, desde lo más contemporáneo hasta aquellas tonadas o toques anclados en un pasado remoto, es lo maravilloso de nuestra era tecnológica; la máquina del tiempo se acciona y se mezclan y remezclan estilos, funciones, sonidos que generan otros reflejos de este mundo ecléctico. Es ahí donde la etnomusicología debe hallar o ahondar en entender el por qué de estos procesos, de dónde venimos, dónde estamos y por qué es necesario conocer todo lo que antecede a cualquier acto performativo o artístico musical. Les digo muchas veces a nuestras alumnas y alumnos que no tenemos días en la semana ni horas en el día para abarcar la ingente cantidad de trabajo de investigación y las muchas posibilidades de llevarlo a cabo. Sin lugar a duda, la etnomusicología está concebida para aquellas personas que disfruten la música en cualquiera de sus posibilidades.
Hay una prueba de acceso que consta de cuatro partes: interpretación instrumental o vocal, análisis de una obra o fragmento musical, realización de un trabajo armónico – contrapuntístico-,y la realización de un ejercicio de educación auditiva. Esta prueba es un indicador para los profesores de la especialidad que muestra cuáles son los aspectos que vienen mejor o peor preparados. No es necesario tener un grado profesional anterior, de este modo lo que quiero decir es que cualquier persona interesada y con actitudes musicales, porque bien toca o canta, puede presentarse.
Se trata de un grado superior, es decir, los alumnos y las alumnas que concluyen la especialidad pueden acceder después a estudios de máster y a continuación a doctorado. El título que se obtiene al concluir un grado superior tiene el mismo valor a nivel académico que el que se recibe tras concluir una carrera en la universidad.
El plan de estudios se lleva a cabo a lo largo de cuatro años que cubre un total de 240 ECTS. Durante la formación hay materias de formación básica, obligatorias y asignaturas optativas. El planteamiento general es que haya una combinación entre asignaturas que son teóricas y otras de carácter práctico. No debemos olvidar que estamos en un conservatorio y la interpretación musical es importante. Por ejemplo, asignaturas como Historia, Sociología o Antropología tienen una clara inclinación teórica, sin embargo, el planteamiento del profesorado siempre es tratar de encontrar un modelo aplicado, es decir, que permita al alumnado poner en práctica los conocimientos a través de la elaboración de proyectos.
En otro sentido están las asignaturas como Transcripción, Técnicas de edición etnomusicológica, Trabajo de campo, Sistemas musicales, Prácticum o música de ensemble, cuyo desarrollo es absolutamente práctico. Para concluir el grado es necesario presentar una investigación inédita, trabajo fin de grado, donde el alumno debe demostrar en la redacción los conocimientos adquiridos a lo largo del periplo académico. Para ello, durante la carrera existe otra asignatura denominada Metodología de la Investigación etnomusicológica cuyo objetivo es introducir y guiar en la investigación; no debemos de olvidar que es una de las salidas de la especialidad.
Al respecto de futuras salidas, la etnomusicología tiene muchos campos de actuación: investigación, documentación y catalogación de fondos musicales, crítica musical y medios de comunicación especializados y docencia, entre otros. Es cierto que su implantación en España es relativamente tardía si hacemos una comparativa con el resto de Europa o América, ello conlleva una demanda aún escasa de profesionales, pero es una tónica que va cambiando y cada vez son más las posibilidades de acceso al mundo laboral.
Yo siempre suelo comentar a los alumnos que la deriva académica hace que terminar un grado sea un primer paso dentro del rito formativo, es decir, acaban con una serie de conocimientos generales que deberán ir puliendo o focalizando a lo largo del máster para acabar definiendo en un doctorado. A partir de ahí, ¿posibilidades? Todas las que tú quieras desarrollar.
Sí, claro. No lo he comentado en la anterior pregunta, pero aprovecho esta para hablar de una asignatura que se llama Instrumentos musicales del mundo, cuya docencia se desarrolla a lo largo de una hora semanal y la asistencia a dos talleres prácticos a lo largo del año. Estos talleres son impartidos por intérpretes que son invitados al conservatorio. Su procedencia es muy variada; intentamos conjugar repertorio nacional y procedente de otras culturas más allá de nuestra frontera. El año pasado tuvimos la oportunidad de recibir clase de percusión africana de la mano de Harouna Dembélé, reconocido intérprete, perteneciente a una familia griot natural de Burkina Faso; y también recibimos a Harkaitz Martínez, integrante del grupo vasco Oreka TX, quien nos introdujo en el interesante mundo sonoro de la txalaparta. La interacción de la Etnomusicología con el mundo musical exterior es constante, además de estos talleres ofrecemos ciclos de conferencias donde invitamos a músicos e investigadores que nos visitan, aportando con sus testimonios y trabajos una información y formación muy importante para el alumnado.
Esta idea se la debo a mi querida y recordada amiga Lola Pérez Rivera. Fue ella quien me pidió que realizara unos dibujos para ilustrar un romance infantil que quería trabajar con un aula de primaria. A partir de ese primer planteamiento surgió la idea de hacerlo extensible a romances infantiles localizados a lo largo de la Comunidad y así vamos, poco a poco, junto a mi compañero Antonio Vázquez, quien se encarga de maquetar y ordenar los textos y la música. Hemos presentado dos: El romance de los Reyes Católicos (Salamanca) y La Doncella Guerrera (Zamora). En breve sacaremos el romance de la Boda de la pulga y el piojo, localizado en León gracias a una grabación efectuada en 1952 a Dolores Fernández por el etnomusicólogo norteamericano Alan Lomax. En este sentido quiero comentar que uno de los aspectos que más quería destacar en torno a estas publicaciones es el hecho de vincularlas a grabaciones que considero auténticos tesoros, por la voz y/o los instrumentos que aparecen interpretando la variante escogida; quería que tanto los niños como las personas interesadas en el tema tuvieran la oportunidad de escuchar ese romance de la voz de quien supo recordarlo y transmitirlo y por tanto poner en valor otra estética de canto tan presente en la interpretación de la música tradicional.
Este trabajo tiene muchos aspectos que lo hacen especial. Para empezar, implicaba seguir con una labor iniciada por Lola y dramáticamente paralizada por su repentino deceso, era casi una obligación moral y de respeto hacia mi amiga. Por otro lado, consistía en organizar y coordinar un equipo de grandes profesionales: Diogo Araújo Silva, Carmen Teresa García Arroyo, Sergio Gutiérrez Rodríguez, Lucía Urones Sánchez y Daniel Gutiérrez Gómez, todos ellos exalumnos de la especialidad y amigos también de Lola. Y para rematar lo especial de esta publicación, el contenido. ¿Qué decir? Sin lugar a duda, y ahora que lo conocemos bien, puedo afirmar que se trata de una selección de temas pertenecientes al repertorio de música tradicional de la provincia de León absolutamente exquisita, por su variedad, sonoridad y valor interpretativo.
Mira, en las presentaciones que hemos hecho del libro hay un aspecto que solemos destacar y es el hecho de que en este repertorio encontramos tonadas de práctica mixta, es decir, donde la melodía es interpretada simultáneamente por instrumento y por voz. Esto es un rasgo destacable porque la experiencia nos dice que el repertorio instrumental, que emplea el repertorio vocal como fuente de melodías, acaba sustituyendo la voz. En estos casos vemos una confluencia de las dos fuentes emisoras previas a la sustitución de una por la otra. No siempre ha ocurrido de este modo, pero sí podemos afirmar que es más frecuente que puntual. Aquí se abriría todo un álbum de justificaciones y explicaciones de por qué esto sucede, pero no es el momento ni el lugar. En cuanto a la sonoridad y la rítmica, el repertorio grabado por Lomax fue excelente, desde bailes corridos hasta garrucha o baile chano, además de una danza de cintas y varios toques instrumentales como «Alborada» o «El baile de la dulzaina», formado por cuatro melodías distintas entrelazadas. En la muestra cobra también especial interés el repertorio de boda, grabado íntegramente en Val de San Lorenzo, que recoge algunas de las tonadas que formaban parte del rito entonces.
En lo que se refiere al género narrativo hay grabados ocho ejemplos con sonoridades modales, la mayoría, y con textos muy interesantes, como el que ofrece la copla local «Sal a bailar, maragato», que sobre una sonoridad modal en SOL narra las aventuras y desventuras de un maragato de Val de San Lorenzo. Esta copla nos llevaría directamente a la sección de cantos líricos, donde la variedad y riqueza de ejemplos, diecisiete tonadas en total, es una maravilla. Si tuviese que escoger una tonada entre el repertorio, sin duda sería una contenida en este bloque: «El pajarito, el pajarero» entonada por Antonia Geijo en Val de San Lorenzo. Su voz y la sonoridad en modo de MI me parecen de una belleza mágica.
Efectivamente. Las transcripciones musicales son inéditas y no han sido publicadas anteriormente. Sobre el repertorio hay interesantes artículos firmados por Carlos A. Porro y Concha Castaño, que nos introducen en aspectos musicales, pero desde una perspectiva etnográfica.
El encuentro con estas personas fue fundamental, no sólo aportaron datos que no estaban en los cuadernos de campo de Alan Lomax, sino que además narraron sus recuerdos en torno a la visita de este investigador. Con ello pretendíamos dar voz y valor a todas las personas que participaron y que gracias a su memoria transmitieron las melodías que hoy podemos disfrutar.
Puff…menuda pregunta, Goyo…Yo no soy amiga de comparaciones, así que me voy a centrar en qué me parece a mí la labor de las administraciones locales y autonómicas en materia de conservación y mención del patrimonio. La investigación en España, en concreto en el ámbito de las humanidades tiene, por norma general, una dotación ridícula. Entiendo que no tenemos el gasto de laboratorio o de pruebas científicas que requieren en el ámbito científico, pero sí que, y lo digo basándome en mi experiencia, empleamos muchísimo tiempo en poder hacer un cotejo de los datos que sacamos del trabajo de campo, un cruzado de esos datos con fuentes documentales existentes y luego, por supuesto, toda la redacción ligada a la reflexión que aparece expuesta en forma de artículos, publicaciones o proyectos artísticos. Todo ese tiempo nunca va a estar lo suficientemente remunerado y ello supone que nadie pueda dedicarse exclusivamente al campo de la investigación, cuestión que creo primordial para poder salvaguardar y aportar conocimiento al patrimonio existente y el que hay aún por descubrir. Las administraciones, en general, cubren este aspecto a través de becas de investigación con dotaciones, a veces, ridículas para la cantidad de trabajo que supone este campo de conocimiento. Hay una apuesta inversamente proporcional de presupuesto con relación a la cantidad de estudio que hay por hacer.
Creo que las tres provincias que integran este espacio geográfico tienen fantásticas obras de recopilación escrita y sonora. Además, hay un renovado interés por este repertorio, no sólo en esta región, y ello hace que estén floreciendo nuevas propuestas de la mano de agrupaciones tan diversas como Ringorrango, Entavía, Las Tsacianiegas o Dulzaro, entre otros.
De hecho, es una idea ya real; en el conservatorio de Segovia llevan años ofreciendo Dulzaina como especialidad interpretativa. ¿Qué se abra a más instrumentos y en otros centros? No sé, las escuelas de folklore hacen un papel importante en este sentido. Un modelo combinado al respecto, quizá…no sé, no puedo pronunciarme mucho más.
Siempre he soñado con la idea de hacer un mapa de memoria, un documento que hiciera un recorrido a través de semblanzas de los y las personas que con su memoria contribuyeron a recordar el repertorio tradicional. Una semblanza que aunase registro de voz, vídeo y documento transcrito, si es que existiera. Me gustan mucho trabajos como Riojarchivo, en esa idea, sí, pero combinado con estudio sobre el repertorio compilado.
En transcribir, ordenar y estudiar las grabaciones contenidas en la Magna Antología del Folklore Musical de España, recopilado por Manuel García Matos. Incorporamos, además, una cronología en torno a la edición de la Antología y varios capítulos que abordaban aspectos como la metodología de trabajo, características del repertorio obtenidas a través del análisis y un acercamiento a la figura del profesor Matos y su interés en la música tradicional.
Considero que fue un trabajo interesante y clarificador, al menos en lo que a los ritmos de baile en la provincia de Salamanca se refiere. A mí me sirvió para conocer más de cerca el ritmo charro, que sería años más tarde mi tema de tesis.
Este tipo de becas suponen un impulso para jóvenes investigadores que ya iniciados en el mundo de la investigación ven la posibilidad de recibir remuneración y la publicación posterior sobre el tema salmantino que hayan escogido. Gracias a esta dinámica van saliendo temas interesantes sobre los que había poco escrito o de forma fragmentaria a través de artículos. Como ejemplo pienso en el libro sobre indumentaria tradicional en Peñaparda firmado por Raúl Benito o el estudio dedicado a la teatralidad popular en la Alberca de Inés Velázquez, entre otros.
Actualmente estoy trabajando junto a un grupo de investigación integrado por María Galán, Carmen Teresa García, Mauro Portela, Laura Silva y Carolina Monreal acerca del repertorio grabado por Alan Lomax en la comunidad de Galicia.
Escribo un artículo sobre el Bestiario Tradicional, que es un proyecto artístico que presenté junto a alumnos de Etnomusicología-CoSCyL el año pasado en el Festival de las Artes de Castilla y León (FACyL) y estoy cerrando el texto para una próxima publicación que toma su base en la investigación de tesis que defendí hace ya cinco años y que será publicada gracias al interés y el soporte de la Asociación Reino de León de Amigos de folklore, ARLAFOLK. Aprovecho para decir que para mí es un honor y agradezco la confianza y el interés que desde esta Asociación han mostrado en mi trabajo.
No tengo esa sensación. La verdad es que me siento muy afortunada porque hasta ahora, salvo escasas ocasiones, he ido cumpliendo con los proyectos y trabajos que han ido surgiendo y en los que quería implicarme desde el principio. Me limito a vivir el día a día, trabajo, trabajo y trabajo, combinando lo que quiero hacer con las obligaciones del día a día.
Quiero agradeceros la labor que desempeñáis desde ARLAFOLK en la difusión, promoción y divulgación de la cultura tradicional y su estudio. Larga vida a los proyectos que demuestran pasión y dinamismo en lo que creen y defienden, enhorabuena.